domingo, 19 de julio de 2009

2 años




Mal, pero acostumbráu.

jueves, 16 de julio de 2009

Invierno.

Foto de Pablo D. Flores, en http://upload.wikimedia.org/
El frío abre a patadas la puerta de la Bolsa de Comercio. Esquiva los manotazos de los hombres de seguridad del edificio, y escapa. Baja los escalones de la esquina de a dos, a los saltos. De a poco se hace dueño de la ciudad. Por esta invasión, migran las aves, los mendigos de la plaza Pringles y los vendedores de helados en bicicleta.
Por Presidente Roca, Paraguay y Corrientes caminan ojos. Si, ojos. Perdidos entre tanto abrigo negro, marrón y azul oscuro. De los árboles caen las últimas hojas y de los edificios los últimos suicidas.
Cuando ya se pierden las esperanzas y solo queda esperar la fría muerte, Borsalino anuncia sus rebajas de temporada en botas. Entonces, las secretarias, abogadas y telefonistas del banco salen contentas con sus bolsas gigantes, llenas de zapatos nuevos. Y sonríen tanto, que sus risas derrite el hielo de la peatonal. Y uno que iba caminando por ahí, tiritando, no puede dejar de acercarse y frotarse las manos delante de ellas. Dicen los viejos, que el calor que se logra, es el de todas las camas del mundo los lunes, cuando se esta a punto de abandonarla. Ese es el calorcito que largan estas mujeres, felices por las rebajas de Borsalino.
Y sino supiera su respuesta de antemano, le digo. Confieso que me llevaría conmigo, a esa rubiecita que camina rápido por Córdoba. Mirándose de reojo en todas las vidrieras y arreglándose el pelo. La llevaría a mi casa, porque el invierno es largo. Y aumentó el gas.

miércoles, 1 de julio de 2009

Ah1n1.


El vigilante de la esquina ya me lo había comentado en la pizzería del barrio, la noche de San Juan. De a poco, la noticia empezó a hacer ruido en medios locales.
Los misteriosos asesinatos ocurridos en los últimos días, hicieron pensar lo peor en las máximas autoridades de la ciudad. Las pruebas recogidas por científicos forenses de la policía y la saña en los cuerpos irreconocibles, que iban llegando a la morgue municipal, solo mostraban un único camino. La Logia del Barbijo, había regresado.
Fundamentalistas de la salud. El origen de este grupo se remonta a la edad media, donde arrojaban niños mal formados a precipicios, o quemaban vivos a victimas de enfermedades que consideraban malditas. Con la creación en Ginebra de la Organización Mundial de la Salud, en 1948, muchos pensaron que el grupo de fanáticos se había disuelto. Los últimos hechos, demostraron lo contrario.
El jueves por la tarde, un 153 rojo se detuvo en avenida Pellegrini. El chofer logró escapar y refugiarse en un bar. Otros pasajeros corrían, lloraban o se desmayaban. Cuando dos miembros del comando radioeléctrico se acercaron cautelosos al vehículo, la escena era estremecedora. Una mujer había sido despellejada viva en el asiento de atrás. El motivo, un estornudo.
En el Coto de calle Urquiza un hombre y su pequeño hijo encontraron la muerte. Fueron lapidados con latas de duraznos y hongos. Y tomate. En cuanto el mayor intento sacar un pañuelo de su abrigo. En la plaza 25 de mayo, varios cuerpos aparecieron colgados de los postes de luz. A todos, se les había arrancado la nariz. Sin más.
Hasta ayer, el panorama de la ciudad, era desolador. Todas las estatuas, habían amanecido con un barbijo sobre sus cuerpos de bronce. San Martín en la plaza de Jefatura. Las imágenes de Lola Mora en el Pasaje Juramento, Olmedo en la estación Rosario Central y hasta el Che detrás de la cancha de Central Córdoba, en 27 de Febrero. Las farmacias, fueron saqueadas y la Catedral incendiada con algunos feligreses dentro. La esperanza es poca. Por Boulevard Oroño las parejas ya no caminan abrazadas y sus palmeras se mueren de soledad.
Escribo esto, sobre un pañuelo descartable y lo abandono en la mesa de un café. Tengo los ojos llorosos y los acodados en la barra comienzan a inquietarse. El cosquilleo en mis fosas nasales, anuncia el fin. El mozo me señala disimuladamente. Escucho el ruido de varias sillas que se arrastran a la vez. Sombras que se acercan violentamente. Si, son las mismas máscaras de las que hablaba el periódico. Vienen por mí.

domingo, 28 de junio de 2009

Cuarto oscuro.


Que triste el domingo en la ciudad. Sin fútbol y con elecciones. Más triste que el uniforme planchadito de un pibe del Colegio Ingles, que nunca tuvo hora libre en su vida. Que ni tocó el timbre, ni salió corriendo. Triste como la zapatería de Sarmiento y San Luis, atendida por dos viejos. Cerrada por duelo. Los fanáticos de Michael Jackson, rinden homenaje a su modo. Se ponen el barbijo, y salen a caminar por el parque Urquiza. Le echan la culpa a la gripe porcina. Que triste.
En la pared del baldío, en vez de encontrarme la promesa de amor de siempre, me veo enfrente de la foto del senador. Riéndose. Que triste este domingo.
Que ganas de entrar al cuarto oscuro, y encontrarte. Entre algunos bancos apilados en un rincón y boletas del Frente Cívico y Social. Peinándote. O preguntándome si podes usar mi remera, para salir de la ducha. Y yo, que había entrado al aula del Instituto San Martín. Solo. Con un sobre vacío en la mano. Saldría riéndome del presidente de mesa. Y de su triste cara.

lunes, 8 de junio de 2009

Otoño

“Nunca creas. Nunca creas este falso abandono”
Tengo demasiadas razones para creer que Benedetti se hizo árbol en la esquina de casa. Las hojas que se le caen están todas escritas y manchan con tinta la vereda. La gente camina con la vista clavada en el piso, escarbando con la punta de los zapatos el colchón amarillo. Pasan leyendo. Murmurando en voz baja. Después, llegan tarde al banco y pagan la luz vencida. A otros, el guardia de la oficina de correo les cierra la puerta en la cara. Porque trabajan hasta las tres, y punto.
El cirujano de la clínica en la esquina, despidió a la mujer que barre la vereda porque se niega cumplir con su tarea. A la mañana siguiente, ya desocupada, se queja en la radio. En el programa de Novaresio. Con voz finita le pide al señor Intendente que tome cartas en el asunto. Cada dos o tres oraciones a los gritos, repite un no puede ser. Que para eso lo votamos. Ni indemnización, ni nada. Que ponga más árboles como el de la esquina de mi casa.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Rosariazo - IV


Italia al 700. Ex sanatorio Palace. Actualmente, una clínica privada/R.M.


La idea era ingresar a la radio para leer una proclama. A la marcha compañeros. No les dieron aire. Había estudiantes de medicina, otros de Filosofía y Letras. Y Luis Norberto Blanco, que ahora agonizaba en el piso. Tenía 15 años y se había presentado en la manifestación espontáneamente. 15 años. Estudiante secundario. 15 años. Peón de una metalúrgica. 15 años.
El diario de hoy puso nombre a quien corría junto a el. Aníbal Reynaldo. Médico del Centenario. Participaba de la marcha, en representación de la Asociación Médica. Mientras trataba de socorrer a Blanco, aún con vida, la policía le seguía pegando. Entre algunas personas más, lograron llevarlo desde la puerta de la radio, al sanatorio Palace. En Italia al 700. Donde el chico moriría, en el umbral de la entrada. No los dejaron pasar a tiempo.

Rosariazo - III

En Lt8, no pudieron leer la proclama. Se jugaba la final de la Copa Libertadores y era imposible interrumpir la transmision/R.M.


Hoy, estas mismas calles con sus semáforos y mis años marcan los segundos que restan. Me pregunto si fue Bello quién me ayudo tras el golpe. ¿Porque seguí por Corrientes? No recuerdo el edificio donde lloré. Siempre me respondo con silencios. Marcha del Silencio. Esa que comenzó el 21 de mayo. En repudio a las muertes de los estudiantes. De Corrientes y Rosario. Cabral y Bello. De múltiples inicios en el centro y un solo destino. El edificio de la CGT de los Argentinos, frente a la facultad de Derecho. Las calles del centro alborotadas. Consignas. Aplausos. Estribillos desde casas y puertas de negocios. Obreros y estudiantes, unidos y adelante. La policía intenta reprimir al verse desbordada y con la posibilidad de la toma de la jefatura. En la plaza San Martín. Desde las columnas de gente piedras y bolitas. Para que los caballos de la montada resbalen en el empedrado de la época. Desde los balcones vuelan masetas hacía la defensa policial. También arrojan papeles encendidos que neutralizan el efecto de los gases. Camiones hidrantes nos hacen retroceder, cuando de la puerta de la radio LT8 un grupo de estudiantes salen corriendo. Uno cae. Un balazo le perforó la espalda.